“Sin ti me muero, contigo también” , ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

A la hora de hablar de amor entran en juego muchas definiciones, no todos lo comprenden de la misma manera.

Bajo este concepto denominamos experiencias tan distintas como la ternura, la pasión, la obsesión, el apego,  el enamoramiento, la atracción sexual… Para algunos es la experiencia más importante y feliz de sus vidas. Para otros, es sinónimo de dolor y sufrimiento. 

Sin embargo, si bien el amor debería basarse en una relación sana, en nuestro consultorio de psicología nos encontramos muchas veces con parejas que se encuentran involucradas en vínculos adictivos. Vínculos que al implicar adicción nos remiten directamente a lo que es dependencia y por ende a relaciones en las que no se puede salir fácilmente. 

Cuando pensamos que “no podemos vivir sin el otro” hay que dar un stop y replantearse en dónde nos encontramos parados. 

¿Cómo reconocer un vínculo adictivo?

Algunas de las características presentes en estas dinámicas guardan muchas semejanzas con otros tipos de adicciones.

Obsesión: pensamientos como ¿volverá con su ex?, ¿me abandonará? son muy frecuentes. En donde el otro pasa a ser el centro de la vida y un sentimiento de miedo a perder a esa persona se intensifica. 

Control: nos encontramos ante la situación de querer controlar al otro, dónde va, cuándo vuelve, y pensamientos constantes de qué estará haciendo. Una dependencia totalmente agotadora.

Tolerancia: en estos casos, lo que va aumentando es la tolerancia al dolor emocional. Naturalizamos situaciones y justificamos mentiras, engaños o peleas pensando que serán la última vez.  

Abstinencia: ante algunas señales percibimos que se va a acabar la relación y hacemos todo lo que está a nuestro alcance para que eso no suceda.

Es muy importante aprender a diferenciar y percibir estas señales para empezar a construir relaciones sanas.