Miedo: nuevas perspectivas sobre un sentimiento difícil

Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo ha tenido en algún momento. Todo el mundo trata de evitarlo. El miedo. Puede convertirse en una auténtica pesadilla. Al menos para las personas con trastornos de ansiedad. Este artículo se enfrenta a este difícil sentimiento.

La importante función del miedo

La mayoría de la gente sólo quiere deshacerse de sus miedos o no entrar en contacto con ellos. Es comprensible, porque la ausencia de miedo significa seguridad. O, al menos, una seguridad aparente. Porque también puedes alejarte del miedo mediante la distracción.

El miedo es un sentimiento básico. Incluso los vertebrados más desarrollados la poseen. La dirección psicológica del análisis transaccional sabe que el miedo nos advierte de las amenazas y pérdidas que pueden producirse en el futuro. Nadie tiene miedo de las cosas que ya han pasado. Tal vez de que vuelvan a ocurrir. Pero esto también es un escenario futuro.

El miedo nos advierte de cosas que vemos como potencialmente amenazantes. Para nosotros, son cosas que no conocemos y que no podemos tratar. El miedo, por tanto, nos dice que hemos llegado al límite de nuestro conocimiento y experiencia.

Qué hace que el miedo sea tan malo

El sentimiento de miedo es en realidad una sensación corporal. Tal vez un cosquilleo o un retorcimiento en el estómago. O una tensión en el cuerpo, acompañada de un ritmo cardíaco más rápido. Eso es todo. El hecho es que cada persona tiene un sentimiento de miedo muy individual. Para muchos está en el estómago, para otros en el pecho. Debe ser percibido por cada persona individualmente.

Si uno consigue centrarse en los síntomas físicos del miedo, entonces éste se vuelve manejable.

Lo que hace que el miedo sea tan malo son las interacciones con los pensamientos:

1. primero viene el miedo a algo que percibimos como una amenaza porque aún no hemos aprendido a enfrentarlo.

2. en la siguiente etapa, pueden producirse interacciones entre el sentimiento de miedo y nuestros pensamientos. Uno alimenta al otro. Podría ponerse en marcha una espiral de acumulación mutua.

3. la ferocidad resultante y la impresión de estar a merced del miedo pueden conducir al miedo al miedo.

Esto puede provocar ataques de pánico que surgen de la nada. Pero en realidad, como adulto, no estás indefenso a merced de tus sentimientos. A continuación, aclaramos lo que puedes hacer.

Cómo hacer que el miedo sea menos aterrador

Encuentro y experimentación

Puede ser útil enfrentarse al miedo en diferentes niveles. En primer lugar, podemos cambiar nuestra actitud hacia el sentimiento. El miedo nos ayuda a reconocer las amenazas. Por lo tanto, una recomendación incondicional es tomarla en serio. Tomárselo en serio significa enfrentarse a lo que se teme. Puede ser el miedo a una conversación difícil. Puede ser el miedo a las arañas o a un futuro profesional incierto. Una confrontación activa es, sin duda, una forma sensata de afrontar el miedo.

Esto no significa que uno deba abalanzarse sobre el objeto del miedo. Puede significar prepararse para la difícil conversación con la ayuda de un buen amigo. Por ejemplo, representando un papel o tomando notas.

En el caso del miedo a las arañas, se podría observar a partir de qué tamaño se les tiene miedo. Puedes ver algunos documentales y aprender a distinguir entre los distintos tipos de arañas. A continuación, podría tener una atrapada en un frasco y llegarías a la conclusión de que esas pequeñas reptantes nos tienen mucho más miedo a nosotros que al revés. De este modo, se aprende sobre el objeto previamente amenazante. Enfrentarse a ello se hace más fácil.

Lo mismo ocurre con el futuro profesional poco claro. Uno podría echar un vistazo a lo que ya se le da bien y a las posibilidades de aplicación o de formación continua. Afrontar esto es difícil porque la incertidumbre suele estar llena de inseguridades y miedos. Pero uno puede aprender que la confrontación activa ayuda a dominar con éxito esas situaciones de la vida. La confianza en uno mismo crece. Se refuerzan los propios poderes de autoeficacia. Los temores se reducen.

Cuando los temores son ya intensos

Si ya tienes fuertes temores, puedes enfrentarte a la realidad: El próximo ataque de miedo llegará. Pero ya tienes las habilidades para afrontarlo. En primer lugar, puedes decirte a ti mismo que este ataque de miedo también pasará. Porque ningún miedo es eterno. También puedes prepararte para el hecho de que será desagradable. Pero también puedes soportar esto. Porque tú también lo has soportado hasta ahora. Ya eres un profesional del miedo.

Así, al ser consciente de la misma secuencia de acontecimientos una y otra vez, un ataque de pánico se convierte en algo calculable. Pero eso no es suficiente.

A continuación, es aconsejable dedicar tiempo al ataque de pánico. Porque va a tomar ese tiempo de todos modos. Así que por qué no permitir conscientemente un período de tiempo. Puedes ver el pánico como una llamada telefónica importante: Cuando llega, te tomas tu tiempo. No importa lo que hayas hecho antes.

En un siguiente paso, puedes centrarte en los aspectos físicos del miedo. ¿En qué parte del cuerpo está el miedo? ¿Está en el estómago? ¿En los brazos? ¿En el dedo pequeño del pie? ¿Dónde no está? Se trata de sentir exactamente dónde se produce la sensación corporal que evaluamos como miedo.

A continuación, puedes observar qué es exactamente lo que hace esta sensación corporal. ¿Siente un cosquilleo? ¿Se mueve? ¿Está girando? El truco consiste en explorar el carácter móvil del sentimiento de miedo. Algunos dicen: “Hay un gran agujero negro que quiere absorberme”. Sin embargo, es una idea. Al oír la palabra “gran agujero negro” surge inmediatamente una imagen. Las imágenes son expresiones de pensamientos. Los sentimientos, sin embargo, son movimientos. Uno puede ver lo que hace que el cuerpo sienta que se crea la impresión de un gran agujero negro. Por ejemplo, que hay una sensación de hormigueo asociada con un tirón.

Lo que se hace en este método es separar el sentimiento de los pensamientos. De este modo, se interrumpe la interacción intensiva entre pensamientos y sentimientos.

Sin embargo, ocurre algo más: los sentimientos que se sienten de verdad simplemente se disuelven al cabo de poco tiempo. Han cumplido con su deber cuando los hemos percibido con nuestra atención. Por eso, luego desaparecen.

Si los miedos son ya muy pronunciados, puede ser útil que un psicólogo te acompañe durante un tiempo. No hay nada de malo en ello. Simplemente demuestra que se puede acceder a apoyo. Esa es una habilidad poderosa. Porque nadie llega muy lejos por sí mismo. La fuerza de los humanos reside en la cooperación y la ayuda mutua.

Conclusión:

Nuestros miedos tienen la función de advertirnos de las amenazas que percibimos en el futuro. Podemos tomarnos en serio este sentimiento enfrentándonos a la amenaza experimentada y, si es necesario, preparándonos para ello. Otra posibilidad es separar el miedo de los pensamientos asociados y sentirlo. Esto se debe a que las sensaciones sentidas simplemente desaparecen después de un tiempo relativamente corto.