Experimentos psicológicos controvertidos II – Milgram

Nuestro segundo artículo sobe ética en la psicología examina un experimento de un investigador llamado Stanley Milgram.

En el primer artículo ya tratamos las tareas de los denominados comités de ética. El tercer artículo que sigue se trata de un extraordinario estudio en dos partes, en el que se descubren aspectos muy poco éticos.

Milgram lideró un experimento que hoy en día ninguna comisión de ética podría aprobar, su ventaja fue que en su momento no se habían establecido dichas comisiones. En 1961 llevó a cabo el siguiente experimento sobre la disposición de los humanos a obedecer con un grupo de investigadores en New Haven: un líder de la prueba instruyó a los participantes de la prueba (que hacían de maestros o castigadores) para que castigara a otro supuesto participante de la prueba (que hacía de alumno o castigado, pero que en realidad era un actor) con descargas eléctricas de intensidad creciente por errores.

Oficialmente, el objetivo del estudio era investigar la relación entre el castigo y el éxito en el aprendizaje en relación con los sujetos reales. Se informó sobre el experimento a través de un anuncio en un periódico local y uno se podía inscribir a través de un formulario que se incluía en el anuncio. Aparentemente, por casualidad, todos los sujetos de la prueba fueron asignados al papel de castigador.

La primera descarga eléctrica debía tener un voltaje de 45 Voltios. Al principio del experimento, se les dio una descarga a los participantes de la prueba para que, por un lado, pudieran experimentar las consecuencias físicas de la descarga eléctrica por sí mismos, y por otro lado, para dar credibilidad de que se administraban descargas eléctricas reales a los alumnos o castigados. Se informó a los participante de que la intensidad de las descargas aumentaría en 15 voltios con cada error y los alumnos, que estaban actuando, mostraban una reacción al castigo (sacudidas, gritos, gritos de ayuda hasta la inmovilidad), que, por supuesto, se hacía cada vez más intensa conforme los errores aumentaban. Se acordó cómo dichos actores debían reaccionar a medida que iban aumentando los errores para que todos los alumnos reaccionaran de forma similar ante los castigos. Las reacciones que se fijaron hasta las descargas de 330 voltios, a partir de los cuales el alumno no debería mostrar más reacción. Los castigadores no estaban en la misma habitación que el alumno, pero podían verlo a través de un cristal y escuchar las respuestas a las preguntas del ejercicio y sus gritos (en caso de castigo por las aparentes descargas eléctricas ).  Los ejercicios consistían en juntar correctamente pares de palabras.

Las reacciones del líder del experimento, es decir, la persona que daba la instrucción a los castigadores (como por ejemplo cómo llevar a cabo las descargas eléctricas, cómo aumentar la tensión, etc…) a la vacilación de los castigadores o su solicitud de terminar con la prueba, se estandarizaron, es decir, se definieron con precisión y de antemano. Y esto en las siguientes cuatro gradaciones (traducidas al español):

  1. Por favor, continúa.
  2. El experimento requiere que continúes.
  3. Es absolutamente necesario que continúes!
  4. No tienes elección, ¡debes continuar!

Si uno de los castigadores seguía pidiendo terminar con la prueba una quinta vez, el experimento era abortado y al sujeto se le permitía que se fuese.

Se predefinieron otras reacciones para posibles acciones de los sujetos de la prueba, de manera que de las personas de prueba, para que las condiciones de la prueba fueran lo más iguales posibles para todos los sujetos de la prueba y las situaciones pudieran compararse mejor.

Los resultados fueron chocantes: sólo 14 de las 40 los sujetos que participaron en la prueba abortaron el experimento prematuramente. De estas 14 personas, 5 decidieron que no querían continuar cuando los castigos eran ya de 300 voltios. Los 26 sujetos restantes continuaron hasta que se alcanzó la máxima intensidad de los castigo, 450 voltios. Como recordatorio: a partir de los 330 voltios, el alumno no mostraba ya ninguna reacción en absoluto, por lo que estas 26 personas le dieron al sujeto inmóvil, (que se suponía era un voluntario como ellos, al que se le había asignado aleatoriamente el papel de alumno en la prueba), un choque eléctrico 6 veces más sin que éste reaccionara ya a las descargas.

Hay muchos enfoques para explicar este comportamiento inhumano (considerando que realmente creían que estaban dando descargas eléctricas a los participantes que hacían de alumnos y que gritaban de dolor rogando que parasen) por parte de los sujetos, tales como la autoridad del líder del experimento, quien les instaba a continuar e intentaba convencerlos (hasta cuatro veces) de que estaban haciendo lo correcto. En experimentos posteriores, en los que las condiciones eran diferentes (por ejemplo, había dos líderes de experimento y uno de ellos mostraba dudas en cuanto a que se estaba haciendo lo correcto al continuar con la prueba), todos los sujetos, sin excepción, insistieron en detener el experimento. Estos resultados, sin embargo, no podrían ser replicado si una persona con menos autoridad (es decir, alguien que no fuese líder del experimento) asumiera el papel de escéptico.

El experimento de Milgram fue originalmente un intento de explicar los crímenes de la era nacionalsocialista en términos sociopsicológicos, y en 1964 fué incluso premiado. Pero la primera crítica severa no tardó en llegar, siendo expulsado como miembro de la Asociación Americana de Psicología durante un año, por ejemplo, después de que el experimento fuera criticado en una revista científica por ser potencialmente dañino y traumatizante. Su experimento también hizo que le negaran un trabajo en la Universidad de Harvard. Se dice que más tarde incluso el propio Milgram dijo que su estructura experimental había sido éticamente cuestionable.

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