DETALLES PARA VIVIR BIEN

LA VERDAD
Cuando nuestra interpretación y percepción se convierte en la verdad

Rosa Noguera – Psicóloga Sanitaria

Un sistema de pensamiento basado en nuestra interpretación es a priori, un sistema muy particular, con las limitaciones propias de nuestro pequeño mundo. Es cierto que este pequeño mundo nuestro se compone en mayor o menor parte de conocimiento aprendido; me refiero al conocimiento de la humanidad, que pueden aprenden también los demás. Es ese conocimiento el que se entiende como verdad en cada época o momento de la vida, por ejemplo: hoy sabemos que la tierra es redonda y achatada por los polos.

Si partimos de la premisa de que la verdad es el conocimiento, pensemos en cuánto de verdad habrá en nuestras ideas y pensamientos que van más allá de éste y que forman parte, por tanto, de todas las interpretaciones que hemos hecho y hacemos cada persona a lo largo de nuestra vida según qué y cómo hemos percibido. Percepción e interpretación que a su vez depende en buena medida de cómo percibían e interpretaban el mundo las personas de nuestro alrededor con las cuales crecimos y de las cuales aprendimos.

Y ahí, en esas interpretaciones sobre lo que percibimos cada uno, suelen asentarse parte de los conflictos que tenemos con otras personas. En el momento que otorgamos cualidad de conocimiento a esas percepciones e interpretaciones, que son solo nuestras y por ende subjetivas, las hacemos verdad y las creemos conocimiento. Así cuando nos encontramos con alguien que ha interpretado o vivenciado cualquier hecho de un modo diferente u opuesto al nuestro, otorgándoles a su vez la calidad de verdad, nos comportamos como si la otra persona nos dijese, o nos lo dice realmente, que no tenemos razón, que estamos en un error. Cuando nos hablan como si quisieran arrebatarnos la verdad o así lo creemos, lo que en realidad solemos interpretar es que nos están diciendo que no tenemos conocimiento, puesto que no tenemos la verdad, y que por ello somos personas torpes o incultas. El conflicto está asegurado, pues sentimos que atacan a una parte de nuestra estima; hay que defender la verdad, nuestra verdad, cada cual como estime oportuno.

Recordar que solo el conocimiento es verdad y que incluso éste puede estar a merced de nuevos conocimientos que lo maticen, amplíen o sustituyan; puede servirnos de incentivo para que a la hora de dialogar con nuestros semejantes prestemos atención, y tengamos en cuenta que lo que decimos puede ser opinión más que conocimiento, interpretación más que la realidad, puede entrar dentro de la experiencia subjetiva de cómo lo hemos vivido y de cómo y desde qué ángulo lo hemos percibido.  Partiendo de ahí, nos puede resultar más fácil abrirnos a la otra persona y dar entrada a sus opiniones, interpretaciones y vivencias; permitiéndonos así la posibilidad de ampliar, mejorar o corregir nuestro conocimiento y la visión de las cosas. Es un proceso de apertura y diálogo, de compartir y no de competir, que relaja nuestras posturas y posiciones ante la vida y que casi de forma automática acaba reflejándose en una relajación también de nuestras expresiones, posturas y músculos corporales. De esta forma, nuestra comunicación y las expresiones que la acompañan se vuelven más naturales y amables y con ello aumentamos hasta la probabilidad, por qué no, de dialogar nuestras posiciones enfrentadas con una sonrisa en la cara.

Autora : Rosa Noguera Rodríguez.
Psicóloga Sanitaria.
Colegiada: AN07207.